Las Terrenas, R.D. El expresidente Leonel Fernández cada vez que habla mete la pata, se está encargando el mismo de ensuciar y borrar su legado como gobernante, su final será triste y vergonzoso, porque está bajando su nivel, ha perdido su pudor y prudencia.

Su primer infortunio fue en las elecciones pasadas cuando se refería a la economía, donde ponía en tela de juicio el crecimiento en el 2021 de 13.2% del PIB, que quería justificarlo con un rebote económico, a sabiendas que un rebote económico es un concepto económico cuando hay una crisis económica que se para la producción de una nación, cierre de negocios, inflación, la caída del tipo de cambio y la paralización de la economía como sucedió en la pandemia.

Luego, cuando pasó la pandemia se activó la economía y comenzaron a crecer los indicadores económicos hasta que regrese la consolidación, eso es un rebote en término económico, pero Leonel Fernández no quiere admitir que fue eso lo que pasó y quiere que se diga que la economía no creció, eso lo sabe un niño recién nacido cuando tiene hambre y le dan comida y agua para que haga su digestión y después dormir tranquilamente.

La verdad que admiro al doctor Fernández pero se está saliendo de su carril, no sé si es el apego al poder político que sabe que no volverá a gobernar porque su tiempo épico pasó, pero por lo menos que permita que la historia lo pueda absolver si el pueblo se lo perdona por sus desaciertos en sus análisis desenfrenados y fuera del contexto de un gran estadista como lo es.

El doctor Fernández debe retirarse con dignidad y no dejar huellas que afecte su trayectoria, porque lo que dijo el presidente Luis Abinader en la toma de posesión fue la realidad, pero Leonel quiere dejarse sentir lo que no se siente no va a alcanzar los pasos que está dándolo el país a través del pueblo y su presidente Luis Abinader.

Cada vez que Luis Abinader habla quiere contradecir la realidad, que no lo dice Luis Abinader, sino la CEPAL y FMI, estadísticas frías, contundentes y demostrables.

RedesDelNordeste

Por: Luis Adames
Articulista y economista