Por: Jeffrey Mendoza

Lo más preocupante es que estos traficantes de noticias falsas y rumores difunden mentiras con la única intención de dañar y destruir reputaciones.

Es lamentable la situación que estamos viviendo en la era digital, donde la manipulación mediática y la desinformación se han convertido en armas al servicio de intereses oscuros. Hoy en día, algunos individuos que se autodenominan comunicadores parecen haber olvidado el verdadero propósito de la comunicación responsable y constructiva, convirtiéndose en negocios del chantaje, la extorsión y la difamación.

Estos personajes, que sobreviven del chisme, la calumnia y la invasión a la vida privada de los demás, mantienen en un estado de estancamiento las prácticas éticas en el manejo de las redes sociales. La mediocridad y la falta de compromiso con los principios fundamentales del periodismo y la comunicación crítica son evidentes en su actuar; actúan guiados por el egoísmo, el resentimiento y la ambición personal, sin importarles el daño que causan.

Lo más preocupante es que estos traficantes de noticias falsas y rumores difunden mentiras con la única intención de dañar y destruir reputaciones, culpando a los demás de sus propias miserias. En su afán de justificar su mediocridad, construyen un relato distorsionado que solo ellos creen, dejando de lado la ética y el respeto hacia la verdad y las personas afectadas.

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