Por: Jeffrey Mendoza

*Nadie debe sentirse dueño absoluto de un pueblo ni entender que, porque una iniciativa no gira alrededor de su persona, deja de tener valor.*

En toda sociedad existen opiniones distintas, y eso forma parte de la democracia. Sin embargo, cuando una iniciativa que busca proyectar, dinamizar y posicionar turísticamente a nuestro municipio es recibida con descalificaciones, resulta necesario hacer una pausa y separar las diferencias personales del verdadero interés colectivo.

“Saborea el Paraíso” no fue una actividad para satisfacer egos particulares; fue una apuesta por Sánchez, por su gastronomía, su cultura, su gente y por las oportunidades que el turismo puede generar para todos.

Nadie debe sentirse dueño absoluto de un pueblo ni entender que, porque una iniciativa no gira alrededor de su persona, deja de tener valor. Sánchez necesita menos protagonismo individual y más visión colectiva.

Si una actividad logra atraer visitantes, mover la economía, promover nuestros productos, involucrar a nuestros emprendedores y poner el nombre de Sánchez en el mapa turístico, lo sensato es reconocerlo, aportar y procurar que la próxima sea aún mejor.

Desmeritar lo que beneficia a nuestro pueblo solamente porque no se recibió la atención personal que se esperaba no es crítica constructiva; es una actitud que merece ser revisada.

A quienes acostumbran mirar cada logro colectivo desde el prisma de sus intereses particulares, una llamada de atención con respeto, pero con firmeza: Sánchez no puede detenerse para satisfacer susceptibilidades individuales.

Los pueblos avanzan cuando sus hijos aprenden a celebrar los logros de los demás, aunque no hayan sido ellos quienes los protagonizaron. Hoy corresponde reconocer lo positivo, señalar lo que pueda mejorarse con altura y entender que el verdadero protagonista debe ser Sánchez, no el ego de nadie.

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